“Lo más probable es que hoy cremen a la señora Monroy, igual que hicieron con su esposo, seguramente los dejarán juntos… que gacho sería pasar la Eternidad junto a los restos de alguien que no te cae bien, no lo digo por los señores Monroy, sino por lo que le hicimos a mi mamá y a la tía Quina que las dejamos juntas.
La tía Quina era ca…nija, por años mamá Fina no la tragó, yo creo que nunca le perdonó el trato tan humillante que nos dio cuando vivimos con ella; bueno que nos dio a mi mamá y a mí, porque mi hermana Eva fue su consentida y a ella si la trató bien, hasta le compraba su pan de dulce o pastelitos cuando a nosotros nos daba un bolillo a repartir. Ellas tomaban sus sagrados alimentos en el comedor, nosotros en la cocina ¡qué canija! ¿verdad?
Mamá Fina hubiera olvidado los desprecios que le hizo a ella, pero no los que me hizo a mí… aunque mi hermana dijo que en su lecho de muerte la perdonó, yo sé que no fue así; esa mentira me la dijo Evita por que siempre andaba queriendo que los distanciados hicieran las pases…siempre tan buena mi hermana. Mi hermana Evita es de lo mejor que vi en toda mi vida.
Pienso que más que una mentira fue como un deseo hecho palabras, para descargar su infundada culpabilidad de haber sido la consentida, pero ¡qué culpa pudo haber tenido mi hermana! Yo jamás la envidié, al contrario, me sigue alegrando mucho que ella no sufriera, como nosotros, por la canija tía Quina”.
María del Carmen Velázquez
Plática del Vejez en mayo 2008
miércoles, 25 de junio de 2008
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