lunes, 11 de agosto de 2008

COMO SUEGRO

En nuestras reuniones familiares he oído muchas historias, varias de ellas rodeadas del humor de mi suegro Don Jorgito.

Confesaré que la parte que más me “apantalla” de él son sus valores ¡qué caray!, qué hombre tal honesto, tan transparente, tan analítico, tan incapaz de decir o hacer algo contra alguien; esta parte de los valores es tan profunda en la familia Velázquez Viramontes que no hablaré sobre el tema por ser bien conocida por todos, sólo la dejo “sobre la mesa”.

Regreso, pues, al buen humor de Don Jorge. Hay un par de historias sobre un mismo tema que quiero aquí registrar porque, no importa cuantas veces se narren, siempre nos hacen reír.

Cuentan que en la casa de los tíos de Perote –lugar de donde vienen muchas de las mejores épicas de la familia- se bañaba Yolis, Don Jorge que ya no podía aguantar la “urgencia”, toca y pregunta a Yolis si puede entrar. Para revisar que no tuviera pertenencias sobre el sanitario ella le contesta:
- Si, pero déjame ver
A lo que Don Jorge responde, haciendo uso del ingenio que lo caracteriza:
- ¡Ah no! si te tengo que dejar ver, prefiero no entrar


Después de muchos años, se da la segunda situación que consolida la narración: Yolis y su familia llevan en carretera a mis suegros, Don Jorge pide una “escala técnica” y cuando el conductor se orilla, la prima Yolis considera que la noche es muy obscura y que Don Jorge pudiera tener problemas para bajar de la camioneta, así es que solicita:
- Prende la luz para que pueda ver.

Don Jorge exclama:
- ¡Otra vez Yolis queriendo ver, síguete Joripas ya se me quitaron las ganas de orinar!.


El sentido del humor de mi suegro es el reflejo de una vida bien vivida, sin remordimientos, sin rencores. El hizo la paz con la adversidad y es, como también lo es mi suegra, ejemplo de los beneficios de ser Positivo. Un respetuoso y cariñoso tributo al buen humor de mi suegro.

Héctor Manuel Domínguez

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