¡Hola!, quienes estén leyendo las “Memorias del Vejez” quiere decir que por una u otra razón EL les significa en algo. Soy la menor de los cuatro hermanos, Eva mejor conocida en el medio familiar como la “Ñ”. Quiero compartirles algo que de manera fundamental y trascendental ha marcado TODA mi vida. Lo diré en corto esperando se sienta el fondo y la amplitud de las palabras: EL AMOR DEL VEJEZ A LA MINKIS.
Para quienes no conozcan o recuerden la anécdota donde todo comienza:
La Minkis, entonces Srita. Viramontes comenzó a trabajar en correos. El Sr. Velázquez entró, como era su costumbre, a la oficina azotando la puerta y gritando:
“¡Qué chingaos pasa en esta oficina!”
-“Sr. Velázquez más respeto que tenemos una compañera nueva”.- Voltea, la ve y sale deprisa.- Se encuentra a un compañero y le pregunta que porque trae esa cara y va tan deprisa:
-“Acabo de conocer a la mujer con la que me voy a casar”.-
Claro que la Srita. Viramontes tenía su pretendido, mismo que, después de un buen agarrón a puños con el Sr. Velázquez cedió a la interfecta.
Y así va, se casan y pronto comienzan a llegar los hijos, una, otro, la última, bueno que siempre no, que ahora si va la última. Claro me tocaron tiempos mejores en varios sentidos, seguramente esto favoreció a que admirara la relación entre ambos. Cuando el Véjez llegaba a medio día le pedía a la Minkis lo acompañara a comprar el periódico (Las Ultimas Noticias) o lo fuera a dejar al camión:
-“Pero te toca llevarme de caballito”- y así se iban por la calle, montado uno en la espalda del otro.
No me acuerdo que se pelearán, seguramente tuvieron sus problemas y yo ni me enteré. Gracias.
Al paso de los años, ese amor no menguaba. Al término de mi carrera comenté que me ofrecían trabajo fuera del DF, mis hermanas ya vivían en sus casas con sus familias. Mi papá le dijo a mi mamá:
-¡”Al fin Minki! Cuando te pedí que te casaras conmigo era para estar contigo, pero pronto llegaron los hijos y fui pasando del segundo, al tercer, al cuarto lugar en tu vida. ¡Ahora por fin, tu y yo!”
La empresa de relojes cierra y la jubilación llega. Sus planes habían contemplado: correr, esto nos queda a todos claro que era ¡su segundo amor! Y leer. ¡Ahora si podría dedicarse a correr todas las carreritas y leer tantos libros!
Sin embargo la vida guarda sus sorpresas. Las rodillas de la Minkis no pueden más y se somete a una operación horrible, traumática y para colmo parte del “tratamiento” era no mover ni apoyar la pierna por un año. El Vejez no lo pensó dos veces el día antes que la Minkis saliera del hospital por la cirugía de rodilla fue su última carrerita.
Sí, así dejó de un día para el otro su segunda pasión.
Me dijo: -“Tu mamá necesita que esté pendiente de ella, ¿qué tal que me voy a una pinche carrera y en ese momento a tu mamá se le ofrece algo o se cae? No me perdonaría nunca que le pasara algo, así que voy a cuidarla”- El master de las carreras dejó los tenis a un lado y se puso a lavar platos y a aprender a cocinar.
GRACIAS PADRE MIO DE MI VIDA, ojalá que todos los que te conocemos y admiramos algún día podamos decir que hemos amado de la misma manera.
Eva Velázquez Viramontes (“la Ñ”). Julio 2008.
miércoles, 2 de julio de 2008
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